PUNTO Y APARTE | Por Lily Herrera
Parece que cuando las explicaciones del presente incomodan, en la política mexicana siempre hay alguien dispuesto a desempolvar el pasado. Ahora le tocó a Lorenzo Córdova, expresidente del INE, cuya administración vuelve a colocarse bajo la lupa por petición del Gobierno federal. Y Córdova respondió con ironía: prácticamente aclaró que tampoco es responsable de la Conquista, de la pérdida de la mitad del territorio nacional frente a Estados Unidos ni del desabasto de medicamentos. ¡Vaya lista de responsabilidades que todavía le faltaba cargar!
El exconsejero asegura que durante su gestión el INE fue auditado y que las revisiones no encontraron irregularidades relevantes. Incluso manifestó que no tiene inconveniente en que vuelvan a revisar sus cuentas. Y está bien: que se audite a quien se tenga que auditar, sin excepciones ni privilegios. Pero hay algo que no debemos perder de vista: el escándalo que hoy sacude al Instituto tiene su origen en señalamientos relacionados con la administración de Guadalupe Taddei, quien recientemente dejó la presidencia en medio de cuestionamientos sobre contrataciones y posibles conflictos de interés.
La pregunta es sencilla: ¿por qué parece tan urgente voltear hacia atrás cuando todavía hay tantas explicaciones pendientes sobre lo que ocurrió recientemente? Investigar el pasado no debe convertirse en una estrategia para diluir las responsabilidades del presente. Que se revisen los contratos de Córdova, por supuesto, pero que también se llegue hasta el fondo de lo sucedido durante la gestión de Taddei. Porque entre tanto personaje desempolvado y tanta auditoría anunciada, lo menos que merece la ciudadanía es saber quién hizo qué, quién autorizó y quién debe responder.

