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PUNTO Y APARTE | Por Lily Herrera

La presidenta Claudia Sheinbaum salió a condenar las burlas contra Guadalupe Taddei, tras su renuncia a la presidencia del INE, y sostuvo que hay que separar las cosas: una es investigar posibles irregularidades y otra hacer mofa de una mujer por su vida privada. Hasta ahí, nadie tendría por qué estar en desacuerdo. La dignidad personal no debería ser moneda de cambio en la política. Pero hay algo que también merece ponerse sobre la mesa: ¿en qué momento cuestionar a una funcionaria por los señalamientos que enfrenta se convierte, automáticamente, en un asunto de misoginia? Porque una cosa es atacar a alguien por ser mujer y otra muy distinta es exigir explicaciones a quien ocupó una de las posiciones más importantes de la vida democrática del país.

Si el caso fuera el de un hombre al frente del INE, señalado por posibles conflictos de interés o por presuntas irregularidades relacionadas con proveedores, ¿estaríamos hablando de feminismo si se le exigieran respuestas? ¿O simplemente de rendición de cuentas? El género no puede ser un escudo, pero tampoco una condena. Lo que debe determinar la gravedad de los señalamientos son los hechos y las pruebas, no si la persona cuestionada es hombre o mujer. Y si existen sospechas sobre el manejo de recursos públicos o posibles conflictos de interés, como la propia Presidenta reconoció, lo procedente es investigar y esclarecer los hechos. No hay que anticipar culpabilidades, pero tampoco minimizar preguntas legítimas.

El problema comienza cuando el discurso de la misoginia amenaza con confundirse con una defensa política frente al escrutinio público. Las mujeres tienen derecho a ejercer sus cargos sin violencia ni discriminación, por supuesto; también tienen la obligación, como cualquier servidor público, de responder por sus actos. La vida privada merece respeto, salvo cuando existan elementos que la vinculen legítimamente con posibles conflictos de interés en el ejercicio de una función pública. En el caso de Taddei, las autoridades deberán determinar qué hay detrás de los señalamientos. Mientras tanto, ni las burlas sustituyen las pruebas ni la palabra misoginia puede sustituir las investigaciones. Porque la igualdad también significa eso: que nadie esté por encima del cuestionamiento público por razón de su género.

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