Paraguay construyó una hazaña basada en orden, concentración y carácter: eliminó a la poderosa selección de Alemania tras empatar 1-1 en el tiempo reglamentario y imponerse 4-3 en la tanda de penales, en un partido disputado en la ciudad de Boston.
Frente a un rival con figuras de talla mundial como Rüdiger, Sané, Wirtz y Havertz, el equipo guaraní nunca corrió riesgos innecesarios. Se organizó en bloque bajo, resistió la presión y aprovechó cada espacio que le dejó su adversario. Alemania dominó la posesión y adelantó sus líneas, pero le faltó claridad y profundidad para convertir su dominio en goles.
El momento clave de la primera mitad llegó al minuto 41: Miguel Almirón —quien regresaba tras una suspensión muy polémica por expulsión frente a Turquía— generó peligro por la banda; Matías Galarza envió un centro preciso y Julio Enciso apareció libre en el área para definir con seguridad ante Manuel Neuer. El gol hizo estremecer el estadio: parecía que la gente de Asunción había viajado los más de 7.600 kilómetros hasta Boston para celebrar.

En el segundo tiempo, Alemania intentó reaccionar con cambios como el ingreso de Goretzka, pero la ansiedad jugó en su contra. Hasta Enciso tuvo la oportunidad de ampliar la ventaja en una jugada individual, aunque Neuer respondió con una gran atajada. El empate alemán llegó más adelante para forzar la definición desde los once pasos.
Y ahí se definió la historia: en la tanda, Havertz falló el primer intento y el arquero paraguayo Gill se vistió de héroe con dos atajadas clave. Sanabria perdonó para mantener viva la emoción, pero cuando Tah envió su disparo a las gradas, apareció Canale para convertir el penal decisivo. Con ese gol, Paraguay firmó una victoria para recordar para siempre y dejó fuera de la competencia a una de las selecciones más tradicionales del fútbol mundial.


