El programa Meta Olímpica CUU, impulsado por el Gobierno Municipal de Chihuahua, acompaña el proceso de atletas que se encuentran en el alto rendimiento con proyección a Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, un modelo único en el país que, entre sus beneficiarios se encuentran los hermanos Jair y Erick Portillo quienes tiene fijo el sueño de compartir un escenario de la justa olímpica.
Detrás de ese objetivo existe una historia marcada por la familia, la competencia y una relación entre hermanos que desde la infancia estuvo acompañada por los retos. Antes de compartir pistas y competencias internacionales, Jair y Erick ya convertían cualquier actividad cotidiana en una forma de medirse: carreras en bicicleta, patines o cualquier oportunidad para demostrar quién podía hacerlo mejor. Esa competitividad, lejos de separarlos, terminó convirtiéndose en una característica de su relación.
Con el paso de los años, aquella rivalidad infantil encontró un escenario más exigente en el salto de altura. Aunque cada uno construyó su propio camino deportivo, la disciplina terminó reuniéndolos en entrenamientos, concentraciones y competencias en las que ambos persiguen resultados similares. Esa cercanía les permite conocer con detalle sus fortalezas y debilidades, al grado de intercambiar consejos incluso en plena competencia cuando alguno detecta un ajuste técnico que puede ayudar al otro a superar la varilla.
Pero el acompañamiento también tiene un punto de quiebre. Cuando una clasificación, una medalla o un lugar en el podio está en disputa, ambos reconocen que llega el momento de dejar temporalmente de verse como hermanos. En la competencia del Nacional 2024, mientras se buscaban marcas y posiciones determinantes para sus aspiraciones internacionales, esa realidad se hizo evidente: el apoyo permanecía, pero cada uno sabía que debía defender su propio resultado y superar también al otro.
La competencia entre ellos, sin embargo, no elimina la complicidad. Si uno supera primero una altura, puede regresar para retar al otro; si alguno detecta un error, también existe la confianza para señalarlo. Entre bromas, provocaciones y consejos, ambos han encontrado una manera de utilizar esa rivalidad como una forma de exigencia permanente. No solamente entrenan para superar a otros atletas: en muchas ocasiones, el parámetro más cercano está dentro de la propia familia.

