Durante su estancia en México por la recta final de su tour Debí Tirar Más Fotos, Bad Bunny visitó varios espacios culturales, entre ellos el Museo Nacional de Antropologóa. En sus historias de Instagram apareció una imagen donde toca una estela en una de las salas. De inmediato, cuentas especializadas en patrimonio señalaron la acción y cuestionaron si a cualquier visitante se le permitiría hacer lo mismo. Medios nacionales reportaron el episodio y aumentaron las reacciones.
Varios portales refirieron que la visita al MNA ocurrió en compañía de personal de custodia del museo; el hecho y su eco digital sucedieron en la última semana de diciembre, justo cuando el artista cerró su maratón de ocho conciertos en la capital.
En la foto se ve al reguetonero con la mano extendida tocando una estela sin vitrina. Usuarios de redes discutieron si se trataba de una pieza original o de una réplica. Especialistas y divulgadores recordaron que incluso las réplicas forman parte del discurso museográfico y, por lo tanto, tampoco deben manipularse sin autorización.
Tras la circulación de las imágenes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) recordó lo elemental: está prohibido tocar los bienes arqueológicos en sus recintos. De acuerdo con notas periodísticas que citan una tarjeta informativa difundida en redes, la visita de Bad Bunny fue acompañada por personal del MNA y, en el momento del contacto, se le indicó retirar la mano, cosa que hizo. El mensaje institucional sirvió más como recordatorio de reglas que como anuncio de sanciones. Hasta el cierre de las primeras notas, algunos medios reportaron que el MNA no había emitido posicionamiento adicional.
La discusión sobre la autenticidad de la pieza se volvió tendencia: hubo quien intentó restarle gravedad argumentando que era una réplica y otros sostuvieron que, replica o no, la norma es para todos. Y aquí está el punto: los museos son espacios de conservación y de educación; tocar piezas altera su superficie, su estabilidad y, en el mejor de los casos, contamina con grasas o humedad. Incluso las reproducciones, cuando forman parte de una museografía oficial, están integradas al relato curatorial y deben respetarse.
Comentarios como “¿si tienes fama puedes evadir las reglas?” o “ahora sí ya se puede tocar” encapsulan la molestia. También hubo quien le bajó dos rayitas y pidió no convertir un desliz en lapidación pública. La foto, sin embargo, abrió un tema incómodo: la percepción de que en ciertos contextos a las celebridades se les permite lo que a la visita común se le niega. Ese contraste, real o imaginado, pega directo en la credibilidad de los recintos.
Antes de planear tu próximo museo day, vale repasarlas:
- No tocar piezas, vitrinas ni montajes. No hay “solo tantito”.
- Evitar el uso de flash. La luz intensa degrada pigmentos y superficies.
- Respetar las líneas de seguridad y barandales. No son “adornos”.
- Seguir indicaciones del personal de sala. Están para cuidar el patrimonio, no para arruinarte la selfie.
- Si tienes dudas, pregunta. Más vale una explicación a tiempo que una nota viral.
El episodio ocurrió en la misma semana en que Bad Bunny cerró ocho fechas en el Estadio GNP Seguros de la Ciudad de México, con boletaje agotado y un impacto económico estimado millonario para la capital. En ese contexto, el artista compartió también otras paradas culturales: la emblemática Piedra del Sol en el MNA y una visita a la Casa Azul de Frida Kahlo. El interés por el patrimonio mexicano fue parte del relato que contó en sus redes: “Me inspiran mucho con su cultura… Les prometo que volveré”, escribió en sus historias.


