El Departamento de Estado notificó formalmente al Congreso este viernes la disolución efectiva de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el traslado de algunas de sus funciones a ese departamento.
La reorganización se completará el 1 de julio, según informó el Departamento de Estado, lo que supone una sentencia de muerte para USAID, una agencia multimillonaria que combatió la pobreza y el hambre en todo el mundo.
El Gobierno de Trump acusó a USAID de malversar el dinero de los contribuyentes y financiar programas en el extranjero que no benefician a Estados Unidos. Empleados de USAID, así como expertos en ayuda humanitaria, han cuestionado esa información y afirmaron que la agencia, si bien imperfecta, satisface necesidades humanitarias vitales y refuerza el poder blando de Estados Unidos.
En sus primeras semanas en el cargo, Trump actuó para desmantelar USAID y congelar casi toda la asistencia exterior, a la espera de una revisión de dichos programas. Desde entonces, miles de empleados de USAID han sido despedidos o suspendidos, y se han cancelado miles de millones de dólares en contratos de ayuda. La semana pasada, menos de 900 empleados de USAID permanecían en sus puestos, según otro aviso de la agencia al Congreso.
El recorte drástico de personal en la agencia provocó demandas de organizaciones de ayuda y empleados de USAID, algunos de los cuales describieron angustiosos viajes de regreso desde el extranjero, por los cuales no recibieron reembolso.